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sábado, 29 de octubre de 2016

SOLEDAD CON SOLIDARIDAD

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Ravell Ramírez

  En el transcurso de nuestras vidas y en un instante de nuestro tiempo, hemos tenido la oportunidad de estar solos. Solos para pensar en las necesidades de nuestro ser y lograr entender el "YO" interno y el reaccionar con el entorno.


 Por eso, creo que soledad es comprender ese silencio que puede invadir tu vida, soledad no es solamente estar encerrados en cuatro paredes sin compañía alguna. Dicen que la soledad se la puede inventar un ser humano. Pero mi pregunta ¿es eso cierto?, ¡a caso nos gusta estar solos! Y realmente "Si”, en la mayor parte de nuestras vidas o de las circunstancias nos gusta estar solos por momentos o gran parte de mi vida.


 La soledad se combina con solidaridad. Esto es parte de un aprendizaje autocritico, personal, humanista.


  La solidaridad va de la mano con la soledad porque ella te ayuda a entender ser solidario contigo mismo, te hace sacar un tiempo, un espacio, para rectificar errores cometidos o por cometer y abolía lo malo, planificas en tu futuro y lo que deseas a corto y a largo plazo. A través de nuestra solidaridad personal en conjunto con la soledad que a menudo nos acompaña, puedes trasladarte a ese mundo de visualizar tu apariencia. Este término u opinión yo lo definiría como una serié de pasos que las caracterizaría de la siguiente forma:


1._Un espacio dado a tu autoestima, donde puedes cuestionar tus virtudes o debilidades.


 2._Un instante donde puedes meditar de la capacidad de ayudar a las demás personas sin juzgar, o ser grande por medio de tu solidaridad para el mundo exterior.


3._Este es el que más me gusta y llama mi atención. Por la capacidad de estar solo te lleva a trasladarte a esos pensamientos oscuros o de temor, a estar solos y sentir el miedo. Sin embargo, la solidaridad personal cumple un rol fundamental para establecer buenos pensamientos y aclaraciones que eliminan esa  negatividad de tu sub-consciente y te hacen más firme ante cualquier necesidad de soledad que abrume tu vida y quiera trasladarla a un lugar donde los pensamientos se olvidan y tu solidaridad los rescata por Medio de tu soledad. 



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Huracán “Yonaiker” y sus 546 muertos en Venezuela (columnista invitado)

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Archivo: Taringa


Heisy Mejías

    En las últimas semanas los diarios nacionales y las redes sociales estuvieron bastante movidos con el huracán Matthew. A su paso por Haití deja una lamentable cifra de 546 muertos. Al respecto, los países solidarios no se hicieron esperar para anunciar el envío de ayuda humanitaria, entre ellos, Venezuela.


     Es interesante, el hecho de que el presidente Nicolás Maduro haya ofrecido ayuda humanitaria a Haití cuando los desastres naturales que azotan a nuestro país, sin ánimos de menospreciar lo sucedido en la isla a inicios de octubre.

    El huracán “Yonaiker”, ha sido el más violento del año en curso, este malandro de oficio ha dejado un saldo hasta la fecha del 1ro de agosto del presente año  de 3.354 muertos sólo en Caracas, según lapatilla.com. Este desastre “natural” cobró la vida de 27.875 personas el año pasado según El Observatorio Venezolano de la Violencia; cifra que nos posiciona dentro de los tres países con más homicidios del mundo.

     Hablemos del Huracán “Dubraska”. Esta bachaquera de profesional ha arrasado con la adquisición de alimentos a “precios justos” para revenderlos en la estratósfera, donde se halla la inflación.

    Otro desastre y no precisamente natural, es el terremoto “Melo”. Con cifras alarmantes en el sistema de salud, este movimiento telúrico se ha llevado a la fosa a más de un hipertenso, diabético e incluso a algún esquizofrénico por mencionar los casos más sonados. En el ámbito sanitario, muchos medicamentos para enfermedades crónicas han desaparecido. Los hospitales no contaron con los 8.5 puntos en la escala de Richter que azotó estos recintos. El médico se escondió y no fue debajo de las mesas operatorias sino en otras fronteras y nuestra ministra Luisana Melo se sigue tambaleando pero en su despacho, alejada del epicentro.


   Hubo una inundación y aún sufrimos los estragos, no hablo de la vaguada del 99 sino de la Corrupción. Este flagelo es anciano, pues tiene operando más de cincuenta años en el país. Pero sin duda alguna, hoy es bastante evidente. Las pérdidas son cuantiosas, nada más en Cadivi se han llevado 25 mil millones de dólares en empresas maletín. La cuestión radica en que ni siquiera es necesario investigar a fondo para darse cuenta del problema, día a día podemos observar cómo la corrupción opera en todas las instituciones, incluyendo la familia.


  ¿Qué decir del volcán “Sociedad”? La lava está hirviendo, la corteza ya no aguanta las altas temperaturas. Algo quiere salir, algo quiere explotar. Aún no sabemos con certeza cómo o dónde o cuándo, pero las constantes presiones en todos estos ámbitos, han desencadenado una exaltación en las gentes. Las calles tiemblan, las estructuras retumban ante el descontento creciente y es latente el peligro.


  Todos sufrimos las consecuencias de estos desastres no tan naturales. Unos más que otros pero como típicos venezolanos, nos reímos ante la desgracia, somos resilientes y si algún país no anuncia su ayuda humanitaria, nosotros nos ayudamos unos a otros porque somos hermanos, porque somos venezolanos.


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Inocencia y niñez, perdidas en las calles de mi Venezuela. ( Columnista invitado)

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Mario López 



“¡Venezuela no tiene alimentos en los anaqueles!, ¡Los remedios no se consiguen!, ¡Definitivamente esto se lo llevo quien lo trajo!”, expresiones como estas (y  muchas más) escucho constantemente mientras voy a la universidad, viajo en el metro o en la camionetica, mientras hablo con mis compañeros de clase y familia, y claro no puede faltar escucharlas mientras hago mi respectiva cola para comprar el pan de todos los días o algún producto de la cesta básica; pero más allá de escucharlas, e incluso decirlas, últimamente he pensado en ¿Quiénes son los más afectados? ¿Quiénes sufren en “carne viva” la situación del país?, y tenemos las respuestas frente a nuestras propias narices: NUESTROS NIÑOS Y NIÑAS.



Me impacto profundamente el caso del niño, de tan solo año y medio,  encontrado el pasado Domingo en Puerto Ordaz abandonado, sobre una caja y presentando un complejo cuadro de desnutrición, aunado a ello con parálisis cerebral. No tocaré el tema de los “padres” del infante (llamado “Jesús Domingo” por las familias del Hospital en donde se encuentra), ni tampoco  de la conciencia humana y caritativa de los vecinos y policías de la zona en donde lo hallaron (que por cierto queda poca, y es lo que en realidad está destruyendo al país), sino mas bien, de la repercusión de lo que está pasando en mi amada Venezuela, que ataca sin compasión a los más pequeños y desprotegidos. “Jesús Domingo” tal vez no llegue a cumplir si quiera los 5 años por culpa de un sistema que no se cansa de culpar a terceros, en vez de tomar las responsabilidades de sus errores. Este niño es producto de la falta de alimentos y escasez que azota al país, tal vez sus padres lo abandonaron porque no tenían como criarlo ni alimentarlo, y bajo su ignorancia creyeron que la mejor solución era abandonarlo con la esperanza de que alguien lo encontrara y tuviera en “mejor futuro” (no con esto los estoy justificando). Pero ¿en realidad existe un “mejor futuro” o un “futuro esperanzador” para estos niños?, porque sí, estoy seguro que este no es el único caso del país.

Otro producto de la “situación país” son los niños en situación de calle, que últimamente se han hecho más abundantes en las calles, avenidas, centros comerciales y pare usted de contar, pidiendo comida o dinero para alimentarse. Esta semana mientras estaba en mi respectiva cola para comprar el pan regulado cerca de la residencia en donde vivo en la Capital, observo con detenimiento a un par de niños (un varón y una hembra) de aproximadamente 6 o 7 años de edad,  que enseguida identifique como “niños de la calle” por sus ropas sucias y rotas, pero lo que más marcó y dolió fueron sus actitudes completamente fuera de su edad, se comportaban como personas adultas que estaban haciendo su cola para poder “comer” (tal vez su único alimento del día), y su comportamiento no era el más “estilizado” o de “clase”, habían aprendido que para poder sobrevivir y adaptarse a este país debían de comportarse de la manera más “malandrizada” posible. El corazón se me arrugo enseguida en tan solo ver sus caras llenas de niñez e inocencia, y pensar que estos pequeños nunca tuvieron o tendrán una infancia “normal” o “común”, como por suerte la tuve yo y muchos otros, que tal vez no asistan a la escuela o no tengan juguetes con los cuales ser creativos e imaginar su propio mundo de fantasía, que en lugar de estar viendo una comiquita por la tv o pintar por largas horas, están subsistiendo y resistiendo esta Venezuela del “siglo XXI”, que tal vez en un futuro no muy lejano, aquel par de niños cambien sus rostros de inocencia por un arma entre las manos para cometer robos, porque lamentablemente tienen que seguir sobreviviendo y adaptándose a “su” medio.

Mientras todo esto pasa en las ajetreadas calles de mi amada Venezuela, nuestros ineficaces “líderes políticos” siguen buscando a los responsables de la “guerra económica” o de la corrupción, los de la derecha acusan a los de la izquierda, y los oficialistas culpan a los opositores. Maduro culpa al presidente de la Polar por los alimentos, a la MUD por intento de golpe y manipulación del pueblo, y al imperio por querer tomar el mandato del país, por otro lado la oposición culpa al gobierno hasta porque llovió con sol y se mojaron  (que por cierto, a estas alturas no ha hecho nada desde que llego a la asamblea nacional más que pelear y discutir sin buscar solución alguna, mi opinión sincera), porque a decir verdad ambos polos buscan tener solo el poder para ellos, olvidándose del pueblo, y por obvias razones sin siquiera pensar en los niños.


Creo que el “revocatorio” que necesitamos va más allá de sacar a Maduro de la presidencia o tumbar por fin esta dictadura, que nuestra solución no es solo “ser” la mayoría en la asamblea o que ganemos las elecciones de gobernadores y alcaldes, creo que empezaremos a mejorar como sociedad, como estado y como país cuando dejemos de buscar al culpable y nos hagamos cargo nosotros mismos, cuando sobre toda necesidad pongamos primero a nuestros niños (sobre todo los que más lo necesitan) porque a final de cuentas ellos son “el futuro del país”. Cuando dejen de pelear unos con otros y empiecen a responder por los alimentos (no solo con bolsas “CLAP”), por los remedios, por las necesidades del venezolano y  por estos niños, empezaré a creer en cualquiera de los dos modelos políticos de mi país, mientras tanto seguiré viendo a cientos de “Jesús Domingo” y millones de niños que dejaron a un lado su niñez para sobrevivir, impotente sin poder hacer nada, porque no tengo el “poder” que algunos si tienen y no saben cómo manejarlo. 


“Un  poco de Misericordia hace el mundo menos frío y más justo” 
-Papa Francisco-    


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