No son presidentes ni diputados ni grupos fanáticos partidistas los que
deberían enfrentarse a un conflicto que remueve los sentimientos de millones de
personas.
Hay paradas que
deberían quitarse de los mapas. Las carreteras no deberían llevar hacia ese
destino, porque tampoco esa parada
debería haberse edificado. Sobran los carteles que la indican, la catástrofe
que la advierte, las líneas que amenazan la entrada de ciudadanos hacia ese
destino, a veces se hace imperdible para muchos; la puerta de salida en la mayoría de las veces tiene un único
precio, la sangre. En esta parada hasta los que buscan “algo mejor” sobran.
Porque si bien en esta parada del
fracaso, hay quienes también se acomodan en ella, esos que se conocen
frecuentemente como conformistas.
